MUTANTES, MODULARES E IMPERFECTAS: EL NUEVO PARADIGMA DE LAS EMPRESAS

Algunos dirán que vivimos en una etapa de cambio. Están equivocados: el cambio se ha convertido en nuestro estado natural. Las organizaciones ya no son entidades estáticas, que crecen cuando entran en procesos de expansión o que encogen cuando llegan etapas de recesión. Son empresas mutantes o líquidas, adaptables a las circunstancias del entorno. Son productos no acabados, que no es lo mismo que imperfectas. De hecho, la mejor versión siempre está por llegar.

Enfrentarse al cambio no es fácil, y muchas compañías se ven incapaces de hacerlo porque aspiran a la perfección de un modelo concreto de negocio. Sin embargo, cuando las circunstancias del entorno cambian, les cuesta encontrar la forma de seguir aportando valor al mercado. La industria de los medios de comunicación podría ser uno de esos ejemplos; lo digital está haciendo temblar las bases de un sector en el que muchos buscan la pervivencia de viejos estándares con una capa de maquillaje de ceros y unos, tratando de generar ingresos antes que de reconfigurar el escenario en que se encuentran. El sistema no funciona así.

Hace más de siete décadas, el economista Joseph Schumpeter puso de moda el concepto de “destrucción creativa”, idea original del sociólogo Werner Sombart. El principio de la destrucción creativa pone al emprendedor como ariete capaz de derribar compañías afianzadas mediante la innovación: innovación de productos, mercados, procesos… Lo nuevo termina destruyendo a lo viejo, y lo que se empeña en permanecer estable, desaparece con el paso del tiempo.

A veces, ni la destrucción creativa te salva de tu propio destino. Para algunos, la mejor manera de afrontar un proceso de cambio es dar un giro de 180 grados y transformar la compañía en algo radicalmente nuevo. Nokia, que es el caso con el que se suele ilustrar este modelo, pasó de fabricar calzado y neumáticos a terminar produciendo smartphones. Hoy, tras vender su división de móviles a Microsoft, parece difícil que encuentre una nueva forma que le permita resurgir.

La constante del cambio

Lo anterior nos indica que, tal vez, el cambio no es una obligación ni un proceso transitorio: es una constante. Tomemos como modelo el mundo de la informática y el de las aplicaciones móviles. En ambos casos, especialmente en el segundo, los productos nunca están acabados. Los sistemas operativos y los programas, como Windows o Flash, nos piden descargar continuamente parches y actualizaciones que corrigen errores y mejoran el producto. Las apps, por su parte, salen a la venta en versiones alfa y beta, sin importar los fallos que tengan, porque lo importante es su capacidad para evolucionar y mejorar. ¿Alguien se lo echa en cara? Más bien al contrario: consideramos una app como “viva” cuando se actualiza regularmente. De hecho, actualizarse es parte de su estrategia de comunicación.

Las empresas son, cada vez más, como esas apps inacabadas: imperfectas pero en continua transformación. Vivas. Humanas. Es lo que subyace en el concepto de las lean companies y las lean startups: proyectos que eliminan todo lo accesorio para quedarse con lo fundamental, para ser más eficientes y ágiles.

Es ahí cuando entra en juego la modularidad. No se puede cambiar por cambiar ni hacerlo a costa de lo que nos hace diferentes. Los procesos de cambio se articulan en torno a un núcleo de valor, de experiencia, al que se pueden incorporar elementos nuevos compatibles, sinérgicos.

Tomemos como ejemplo la idea del móvil modular, algo de lo que ya se habló en su momento con Phonebloks, que pervive en la hispano-finlandesa Puzzlephone y que ahora reivindica Google con su Project Ara: un teléfono divisible en componentes que podemos intercambiar en torno a una base común de conexión según necesitemos reparar accesorios estropeados o, simplemente, incrementar o modificar las prestaciones del terminal. De hecho, Ara viene a plantear que un smartphone deje de ser un teléfono y lo veamos como una base de procesamiento con capacidad de conexión con múltiples dispositivos. ¿Y si las empresas fueran así, núcleos de conocimiento capaces de incorporar nuevas capacidades o conectarse a quien se las facilite para transformar de forma dinámica su modelo de negocio?

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http://mediossociales.es/mutantes-modulares-e-imperfectas-nuevo-paradigma-empresas/#more-7955

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